MODIFICACIONES EN ROJO -XXXII-

-XXXII-

Asistimos, impávidos, a la marcha de las horas. Apenas somos capaces de contenerlas, unos instantes, en una frontera de sueños y designios atados, como globos, por un tenue hilo de luz.

Burbujas llenas de las fragancias de nuestras locuras, de amores que llegan y parten sin preaviso, de sexo desinhibido, de mariposas blancas, ángeles caídos… y de tantas cosas impronunciables. En cada una de ellas ha encontrado refugio una noche distinta que enmascara la partida de tantos días aburridos, de tantas personas entre las sombras esperando la llegada del alba.

Me quedo quieta, aguardando no sé muy bien qué, insomne entre mis huesos, anhelando que se marche ese dolor que existe en mis venas y no sé pronunciar, o no me atrevo, o no quiero, por miedo a revelar su secreto mejor custodiado, que es grande y destructivo. Sí, sí sé lo que aguardo, aguardo un suceso brutal que rompa de una vez con todo lo que yo no soy capaz. Mi fortaleza sólo es mental.

Esa oscuridad que se cierne ya me ha visto vestida de crepúsculo tantas veces, que se ha acostumbrado a mi mirada pulverizada y ya no la teme, ni yo a ella. Somos cómplices desde hace milenios y llevamos a cuestas nuestros esqueletos hechos de galaxias con sabor a polvo eterno. De nada vale ser.

No me acostumbro, todavía, a desvelar con constancia, ese aire inmemorial que nos envuelve y nos devuelve al intenso delirio, para nada natural, de cada estallido, de cada bomba, de cada detonación que te arranca la vida de repente y porque sí. Y me pregunto ¿para cuándo la paz?

La paz es un globo que se nos ha ido de las manos, y aún puedo soportar su ligereza vanamente, pero me duelen los ojos de quien busca refugio entre disparo y disparo. Tiemblo en su delirio, que es mío, mientras continuamos huyendo entre alfileres y campos minados.

Nos persiguen los acantilados con ánimo de poseernos. En este derrumbe de olvidos, atónitos pájaros intentan distraernos con sus canciones trufadas de aire y sol, convirtiendo en luz la pesadilla.

Multicolores uniformes vienen hacia nosotros con afán de hermanarse, pero sólo cuando se acercan vemos sus fauces preparadas para aniquilarnos. Ya nuestras sombras han dejado de estar a salvo y han olvidado, incluso, que han sido parte indisoluble de cada huella que hemos dejado en nuestra historia. Cuesta recuperar la confianza en el ser humano que constantemente se traiciona a sí mismo.

A lo lejos se atisban los hilos de un atardecer flotando fuera de las rutinas orquestadas. Alguien ha cortado ya su última atadura para dejar libres sus sueños locos y sus ruinas. Somos muchos. Mañana seremos más.

© María Villar Portas

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HISTORIA DE FÉLIX

Queridas amistades de mi libro de relatos PARAÍSOS PRIVADOS he separado el relato titulado HISTORIA DE FÉLIX y lo he digitalizado para ofrecéroslo como una pequeña revista y podáis leerlo. Es un relato basado en la historia de mi gato siamés, Félix, que tantos años de alegría nos regalo a los que convivimos con él. A él está dedicado.

¡Que lo disfrutéis!

http://www.youblisher.com/p/1432494-HISTORIA-DE-FELIX/

 

 

MODIFICACIONES EN ROJO XXXI

-XXXI-

 

Se pasa uno la vida abotonando pensamientos en la comisura de los días mientras arde el perfil de la tarde en el filo del horizonte…

¿Para qué todo ello?

Quizás para que su osamenta calcificada no sea lanzada, otra vez, contra el crepúsculo, tratando de llenar lo vacuo de su existencia y merecer una noche repleta de vientos favorables.

Así, en esas penumbras, tan llenas de mar y emociones, se reconstruye segundo a segundo el reflejo de su misma piel, para aparecer fulgurante en naciente aurora. De este modo consigue aparecer, al amanecer, con su edad sonriendo en la palma de sus manos, en un intento de ofrecer la ebriedad genuina de su inquieto corazón.

Con cada instante escala la colina de la reflexión para recoger cosecha de imágenes paliativas que la ayuden a curar los errores cometidos en el cautiverio de sus acciones. Trata de arrancar, incluso, esas bromas que el tiempo regala con inocencia, desconociendo si causará alguna herida en alguna parte de sus vértebras.

Hasta es capaz de dar la vuelta a un bosque para que se desprendan todas las ramas muertas que sólo conceden al conjunto un peso superfluo e inservible.

Se sabe que lleva un mundo escrito en las venas y que por sus poros transpira en esplendor la eternidad consciente, siempre, de la guerra que nos circunda e invade la magia de cada nacimiento y su espacio.

Es esponja adherida al acorde de una sinfonía singular, total, inabarcable. Desde el comienzo del infinito ha aprendido todos los latidos del epicentro del mundo, abarcando hasta el final y su principio.

Pozo de saberes y cielos de todas partes, alrededor de quien danza el bosquejo del tiempo en toda su magnitud y dónde, uno a uno, se construyen todos los momentos de la carne y el alma sujetos, demasiados de ellos, con los clavos más dolorosos fabricados por su propia criatura: la humanidad más inhumana.

 

© María Villar Portas

 

MODIFICACIONES EN ROJO XXXI - copia

 

MODIFICACIONES EN ROJO XXVII

-XXVII-

Y se vuelve.

Desde los altares de la noche, de sus hilos de luz neófita, hasta el alba de la orilla.

De una marea de laberintos que se ha doblado ante el dominio del silencio propio nacen pálpitos que no morirán al atardecer.

Como la piedra que salta sobre el río trazando concéntricos mundos, así se expande, de nuevo, esta respiración sobre el murmullo de las olas, y se hace amazona con la llovizna de la niebla, para cabalgar acantilados temporales que quiebran su mitad humana hasta convertirla en eco total.

He robado la sombra plateada del llanto para lanzarla al viento de burbujas estrellado y ser así cumbre y no precipicio.

También he malgastado olvidos y aventuras salinas sin pudor ni arrepentimiento, mientras los segundos perseguían mi momento único. Nadie me puede reprochar el ruido infame de otras huellas en esos caminos que se hunden de tanto recorrerse y que pretenden ser seguidos por multitudes. Yo no sigo esas rutas, tengo un camino con nombre propio.

Hay un mar que me convoca en cada marea y me acuna en tanto su salitre provoca naufragios en otras latitudes. Me duele que sea la misma vida que a mí me salva la que a otros sepulta y clamo por una calma que reine sobre la espuma inquieta.

Se vuelve, como la rosa que se fuga del invierno y sus daños colaterales. Sol que se rebela contra la tiniebla de los relojes que se empeñan en seguir su trazado como si nada sucediera a la carne a cada paso.

Mi sed nunca se cansa de beber entre una multitud de soledades, estableciendo un parlamento sin palabras que igual se comprenden en cada cambio lo mismo que la tormenta entiende la calma que la sigue y antecede.

Polos opuestos, distorsionados por espejos averiados que muestran los despojos de los minutos pero no la realidad.

He vuelto como todo vuelve, antes o después, la misma y otra.

BLANCO-NEGRO-ROJO-modificaciones en rojo XXVII

 

© María Villar Portas

MODIFICACIONES EN ROJO -XXVI-

-XXVI-

A veces es necesario marcharse para poder volver. Dejar atrás, con presteza, el abrigo de todos los días, el brillo de las linternas encerradas entre cuatro paredes, y ese mundo que vivimos tan cercano al nuestro que acaba por ser el mismo.

Y no. No quiero seguir soplándole a la comida cuando ya está fría desde hace rato, es como tratar de hacer razonar a un muro de que es manantial y le crecen barbas a sus años de momia.

Ser dueña de mi misma hasta el último temblor de los cartílagos, que mi pulso sea mi desafío aunque se alteren todos los órdenes más allá de costumbres y tradiciones, incluso, aunque mis rasgos languidezcan en una penumbra que sólo yo puedo ver.

Lleva tiempo extrañándome ese extraño nivel en las mareas, esa tiesura que impide que el mar se mueva de sus orillas mientras pretende adueñarse de las voluntades en esa monocordia de olas inexistentes.

El perfil de la falsedad lo invade todo. Nos ha mostrado las hogueras de sus ojos para acelerar el hipnotismo de su canto de sirena, aquel que intenta destruir con sus propios cadáveres lo que otros hemos construido con el ingenuo afán de ser nosotros, auténticos, útiles y, sobre todo, vivos.

No me conformo con inhalar esas voces perfumadas de glorias inexistentes que tan sólo buscan lanzarnos a esos abismos que todo lo ahuyentan, incluso el estrépito de la caída.

No es fácil que mi aflicción se estire más allá de mi propia sombra, por ello procuro no salpicar con mi sal ninguna forma humana mientras mis dedos aún intentan alcanzar otras metas más allá de la inquietud que me producen los días.

Por muy largo que llegue a ser este exilio sé, de antemano, que no tengo herencia alguna en esos edenes que apuntan las estrellas, mi paraíso está entre las mandrágoras y las danzas de los árboles, la primavera y el tuétano de la hierba.

No he levantado en vano mis mástiles para navegar por mares tan muertos y encallar en playas tan austeras en calidez humana pero tan infestadas de mentes esclavas de sí mismas, decadentes cerrojos que todo lo quieren confinar a su propia ineptitud.

Navego entre arboledas, aproando a la luz del tiempo y al silencio, mientras me abraza el aire y la bruma. Nada hay mejor que cruzar ese pasillo que separa la nada de nuestra propia música.

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© María Villar Portas
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Imagen de la red

MODIFICACIONES EN ROJO -XXV-

MODIFICACIONES EN ROJO -XXV-– XXV –

Aquí, dónde arde el cielo, se acobardan las horas. La gran esfera presiona los párpados que nos cobijan con la levedad del algodón. Quizá quiera intuirnos la mirada acostumbrada a gobernarse sola.

Y es nube, este tiempo impune que nos invita a permitirnos un silencio insólito en medio de la barbarie que está cayendo, y, aún, se impulsa a bromear entre tantos relatos monótonos que mejor sería si fuesen breves. Pero no.

Trataré de ser joven mientras transcurro y mi destino sea una habitación clara suspendida en una gota natural.

Porque nada es lo que parece, y hasta un árbol arrodillado en el asfalto implora al cielo por un centímetro de tierra alrededor de su vida para poder seguir siendo parte de nuestra respiración.

Dejadme que abandone una infancia de cuentos y zumbidos, de aventuras que se esforzaban en mostrar ingenios. Mas concededme la curiosidad de siempre, la que pone imaginación a un descolorido atuendo de pausas entre cucharillas de café, mientras se interrumpen los acontecimientos en el aire de la tarde.

Sí. Dejadme ser otra y ser yo. Significando ser la protagonista de mi propia obra, la misma que escribo nueva cada día.

Y ahora que ha empezado mi corazón a latir, con ese tintineo incierto que tiene lo desconocido, quiero ser una y todas las conversaciones que se aligeran y se interrumpen en el instante. O aquella emoción que se vuelve pálida ante el significado del mundo, incluso la amenaza que huye ante la excelencia de un genio cordial.

Ser capaz de sostener aparte un peligro que piensa en atacar el entendimiento, mientras se derrama este resplandor vivo de mi aliento, y, en Venecia, se encienden los faroles que iluminen las rosas.
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© María Villar Portas
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Copyright fotografía Assaf Frank

CONCURSO “RECONQUISTA” DE NARRACIÓN-VIGO-AÑO 2001-1er PREMIO-CAROLO ERA MULLER

En el año 2001 se me ocurrió, así sin pensarlo mucho, presentarme al Concurso Reconquista de Narración patrocinado por el Instituto de Estudios Vigueses y por el Círculo Mercantil de mi ciudad. El tema del certamen era precisamente la Reconquista de Vigo, de dónde tomé a su personaje mítico por excelencia, Carolo, y lo convertí en mujer.

Así con mi relato escrito en lengua gallega CAROLO ERA MULLER, conseguí el primer premio  del concurso en el apartado mayores de 19 años. Este relato fue publicado en GLAUCOPIS , boletín anual del Instituto de Estudios Vigueses y en la Revista del Círculo Mercantil de Vigo.

CAROLO-1-GLAUCOPIS

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