TOCAR EL SILENCIO

ANAKONDADANAS-1-SILUETA PERFIL

Tocar el silencio,
todo ese silencio
del que camina en solitario,
el de los despojados,
el de las mujeres maltratadas,
el de los huérfanos que ellas dejan…
pensando bien
que alguien es capaz de oírlo
como tú,
aguantándose la ira
y la violencia que genera.

Tocar el silencio,
nuestro silencio
ese mismo que camina tantas veces junto a nuestros pasos,
y nos habita otras tantas,
todo el que se acumula
en la cabeza de un alfiler,
de lunes a domingo,
de enero a diciembre,
entre la infancia y la senectud,
TODO ESE SILENCIO
que nos abarca y nos conjuga,
en la oscuridad
o en la primavera que nos encierra
entre las valvas de su tiempo,
de arriba abajo,
de izquierda a derecha,
tan decepcionante, a veces,
como tan espectacular
SIEMPRE.

Tocar el dolor de ese silencio,
impertinente,
capaz de surgir con libertad
en medio de un pentagrama cualquiera,
bajo un techo de clamores distraídos
o de canciones infantiles,
ESCRIBIR Y DESCRIBIR
entonces
con la memoria inquieta
PERCIBIENDO
con sencillez
el fragor de los sentidos,
el prodigio de la música
que el mundo arroja sobre ti,
en una tela de araña suave
tejida sólo para proteger
sin atrapar, sin asfixiar.
SIN JUZGAR.
Y subir a ese cielo sin terminar
DEL QUE NADA TIENE
para lanzarte
sin miedo ni paracaídas
a ese tiempo
al que siempre has llegado tarde,
dejando que tu cuerpo
resbale hasta el final,
se separe de su barro,
se haga feliz y nuevo
en otro cuerpo
que te ame sin cansancio
y te dedique muchos campos
llenos de días, hierba, música…
Días para comprender tus días,
tu silencio, que ya no huye,
y se afina como un instrumento
en manos expertas.

Cuerpos que se superponen
y se saben vivos
porque saben soñar en todas direcciones
dispersando sonidos superfluos,
esos gigantes que crecen densos
y nos roban argumentos.

Juntos rompemos todas las respuestas,
las preguntas que aún han de venir,
aplacamos ese dolor incrustado en la memoria
mientras nos abandonamos desnudos
el uno en el otro,
fuera de cualquier emboscada,
de cualquier razón
que no sea el instinto de amarnos
en medio de ese silencio que nos grita,
de una locura que se suaviza
en nuestro aliento,
para escribir, de nuevo,
Y DESPUÉS,
respirando acompasadamente,
tocando nuestro silencio cómplice,
PROTECTOR, SOLIDARIO
Y SIN DOLOR.

M.V.P.

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