EXCLUIDOS/María Villar Portas

VAGABUNDO-10

Imágenes Jean Michel Basquiat

Poema leído durante el recital de Poesía y Microrrelato en Vigo el viernes 20 de diciembre de 2019.

Caminas entre otros,
con esa locura que te otorga la miseria,
dejando una radio encendida en tu cabeza
que te guíe al contenedor
que contiene,
quizás,
tu única comida del día
o quizás ninguna comida.

No hay plan para hoy,
ni para mañana,
ni pan tampoco.

Esos pasos que se arrastran
tras de ti,
son los tuyos,
llevan esa misma prisa gris,
exactamente igual a la tuya,
de querer comprar todo,
tenerlo todo,
incluso un hogar
para el que no tuviste tiempo
de rellenar la última casilla de un impreso.

Manejas todos esos gritos,
tus gritos,
que vienen de la gente, dices,
a ti te lo parece,
y todos esos ruidos de coches que te aturden
circulando siempre
en un atasco maloliente.
Entre todos ellos
sabes
que nadie te conoce,
ni le interesas,
tanto si andas,
como si te detienes,
como si desapareces.

Tienes el don de la invisibilidad.

Quieres alejarte
pero NO sabes cómo,
porque necesitas zapatos nuevos
o un patinete eléctrico
de esos que se ven ahora.
Piensas, también,
sí,
también piensas,
entre la maraña de tus caos,
que quizás te haga falta
una póliza de decesos
que te garantice un entierro
aunque nadie se entere de tu muerte,
esa que tanto temes
y que pisa la misma hierba que tú.

Desconoces qué ha pasado con tus hijos,
dónde están, qué hacen sin ti,
qué podrías hacer por ellos,
aunque lo más seguro
es que no quieran saber nada de tu vida.

Llevas años
arrastrándote como un gusano,
con dolor de muelas
y dolor de alma,
enfrentando un mundo
que te pincha con mentiras,
te provoca miedo,
te abandona
a la puerta de cualquier comedor social
con promesas de un año nuevo y mejor.

Y tú,
para no desfallecer completamente
sólo piensas en robar,
algo,
aunque sea pequeñito,
sólo un poquito de tanta sobra,
para no morir de silencio
leyendo pintadas por las paredes
y dejando crecer tu pelo
hasta el suelo
hasta que no quede espacio
para crecer nada
en esta farsa
de frases valientes
en calles iluminadas
con las que no se puede
cometer una vida.

Y dices,
y repites,
que todo es injusto
mientras sorteas puñaladas nocturnas
y desconoces dónde dormirás hoy, si duermes.

Y piensas,
y sigues pensando,
con insistencia,
en tus cosas,
que no son las cosas de los demás,
mientras te alejas por la acera
y todo sigue igual
para ti
y el mundo se desea
en todos los idiomas
¡¡¡una FELIZ NAVIDAD!!!

M.V.P.

Vídeo grabado por Roxana Villagrasa Méndez en la Galería Jazz

EN FIEBRE Y CAYENDO

PARQUE-LLUVIA-2-BN

Bajo esta lluvia todos los jardines me parecen antiguos, idénticos y diferentes a un tiempo, aunque debería decir, también, ajenos a mi propia diferencia e identidad. Sólo parecidos en el punto en el que me encuentro, que no sé muy bien si es llegada o salida, pues únicamente puedo constatar mi propia presencia corroborada por la ausencia de los demás.

Creo que espero, aunque también creo tener la certeza de no hacerlo, ya que conozco bien esa imposibilidad de que se produzca la entrega de un no-infinito consciente de lo deseado, aunque desconozca, del mismo modo, la puerta que me permita salir de este universo inventado por otros.

Cuanto más observo el mundo, más me alejo del equilibrio de sus realidades y de los sueños que todavía viven en mí, con la desesperación de sentirse ignorados.
Nada me pertenece, excepto el pensamiento, el libre albedrío y la lluvia que ha decidido posarse en mí, muerta ya, despojada de la nube que la sostenía en el aire.

¡Quién gota!

Aquellos en los que pienso no son iguales a como los había pensado, en medio de mi silencio o de las horas de soledad en las que busco un olvido que me permanezca y atraviese la intensidad de este vacío, que se lleve el descontento capaz de anular la consciencia del otro. Me veo en la imposibilidad de quedarme quieta entre la indiferencia generalizada que me rodea, tan llena de orden, apariencias, fingimientos…como de inmensas sombras. Nada me gusta.

Somos pedazos de carne ambulante caminando juntos y desconocidos en el mismo parque inundado de lluvia, sin saber nada de nuestra calma o tormenta, tratando de evitar la mirada propia tanto como la ajena.

Mi propio instinto me lleva a la abstracción de cada cosa que sucede, manteniéndome serena en mis ojos como en mi ansiedad, sin creer en nada que no pueda tocar ni sentir, incluso en contra de mi voluntad, con esa monotonía absurda de los días que tanto me hiere.
𝙈𝙖𝙧𝙞𝙖 𝙑𝙞𝙡𝙡𝙖𝙧

MÁSCARAS

MÁSCARAS-2 - copia B-N

El mundo esparce silencios
mientras idolatra sus miserias,
mira hacia otro lado
cuando miles de mujeres
siguen hundiendo su mirada
bajo los propios pies,
incapaces de escapar
a una inmovilidad impuesta.

El pueblo duerme
idiotizado e hipnotizado
para que todo siga igual:
poderosos encaramados a sus cuentas bancarias
golpeando a hombres sin risa
que viven solos
en medio de noches eternas.
Bestias enfermas de poder
devorando la médula
de infancias que dejan su futuro
en las fábricas que los usan,
de mujeres
que sólo tienen la opción de ser piel
en las aceras de cualquier calle,
cualquier día, cualquier noche,
en cualquier mundo
que desee poseerla por unas monedas
o por una droga que las transporte a otra dimensión.

No quiero
dejarme tocar
por ese reloj agobiado
que intenta talar mis emociones
y lastimar mi tiempo,
que es el mismo de otros,
y llevarlo por el camino trillado,
conocido, fácil.
Me empeño en complicarme la vida
siendo animal que ve cómo se levanta una humareda
en esta ciudad en la que llueven soledades
que hacen brotar ramos de versos
para que alguien vea alguna clase de luz
en medio de tanta niebla,
que no duela tanto seguir vivos
mientras tantos inocentes mueren
o que nos duela tanto
que deseemos ocupar su lugar.

Nada debería lastimar los sueños,
ni las posibilidades de ser
quien cada uno quiere ser.

Pero al final
nadie suma su fuerza a otras fuerzas,
y hasta los fantasmas mueren a dentelladas
de otros como ellos.

Cada uno trabaja para sí mismo
en un fuego de hielo y plenilunios
buscando posicionarse
en su propia huella invicta,
feliz, extraordinaria,
aunque tan llena de máscaras
que no nos puede hacer creer
que reivindique algún derecho
que no sea el suyo propio.

La vida, al final, se resume en un baile de máscaras,
un carnaval, un puro teatro, una feria de vanidades…

M.V.P.

NÁUFRAGOS, AÚN-VÍDEOPOEMA

NÁUFRAGOS, AÚN

HOY,
que este cielo herido
ha dejado de invadirme
con su sollozo,
se me antoja caminar,
como una diosa,
sobre un mar sembrado
de puñales gélidos.

Siento que mi corazón vuela,
a ras del suelo,
segando toda la oscuridad
que me cabe entre las manos
y los desamparos
que pugnan por instalarse
en prematuros cementerios.

Me desbordo
en un camino que ya conozco,
feliz,
en esta arena,
aquella,
que se tendía de bruces
invitándonos a reír con ella,
a soltar el ciclón de vida
que relampagueaba entre tú y yo.

Ya no es la misma,
ELLA,
NI NOSOTROS.

Nos veo, aún,
gigantes,
amándonos en el mar y la oscuridad,
dejando desnudos
los desterrados cuerpos,
crucificados por lenguajes
ajenos a nuestras prioridades.
Conscientes de los sonidos húmedos
enredados en la piel y la respiración entrecortada,
en los sueños que nos encontraban
flotando cada mañana,
agotados, dormidos,
NÁUFRAGOS de nosotros mismos.

No duermo ya.
Las pupilas luchan
contra el pensamiento silvestre
dentro de una melancolía oxidada,
al fondo de un olvido que se resiste a morir
en un duelo de cristales florecidos en los ojos
y una melodía de olas incesantes.

M.V.P.

24 HORAS MÁS

IMAGEN AL VIENTO - BLANCO Y NEGRO

Me adentro
por estos pasillos de olores imposibles,
llenos de dioses en miniatura.
Cada uno de ellos,
CONSUMIDO,
en la elaboración de su propia lucha,
lejanía,
las más de las veces,
ESPERANDO,
siempre,
que por su puerta
entre un rayo de amor
que dilate su tiempo
tan sólo un segundo,
que deje en su rostro
el dibujo de una sonrisa
que le acompañe 24 horas más.

Me contemplo, aún,
en mi propia batalla,
cuando parte del minutero de mi vida
paseaba su esqueleto ante mí
invitándome
a visitar su pozo,
DESPROVISTO de ilusiones y ganas.

Sí, tuve miedo a morir de mí,
a quedarme con todas las palabras en la boca
y con todo el amor suspendido.
Sé,
que una parte de mi delirio se fue con él
para quedarse
entre aquellas paredes sin pupilas,
llenas de rostros desconocidos
y agujas clavadas entre mis vértebras.
Mi cuerpo se llenó de manos
ávidas por encontrar
enfermedades inexistentes,
mientras ansiaba encontrar un poco de paz
y persistía en entrar en mí misma
para poseer,
siquiera,
la mitad de un abrazo
que me evitara el terror
de extraviarme un poco cada día.

Me perdí quince días
en la consciencia
de que alguien olvidaría nuestros pasos,
nuestra voz, nuestro olor,
todas nuestras cosas queridas.
Nuestra respiración
quedaría convertida en un misterio ausente
que ninguno sabría dónde buscar.

Hay temores que nadie entiende.

Desde entonces sólo sé dormir con los ojos abiertos.

M.V.P.