RECUERDOS DEL EXTRARRADIO

Desde lo lejos me vigilan las flores del extrarradio que vieron crecer mis días, murieron aquellos descampados…yo olvidé los nombres de sus hierbas. He subido a sus colinas para ver el rostro desatento de la ciudad y la vida, apenas presentida, en sus márgenes. La noche se erige sobre un mar de codicias y las flores que aún no ha vencido el otoño. Traiciono un terreno de factorías y negocios para quedarme con la música de los árboles de un parque y su jerarquía de hojas de colores, quizás encuentre la que aquel día dejaste escondida para mí. Pero sabes que mis movimientos son erráticos desde que mi pequeño gran mundo ardió y ya sólo me muevo en la abstracción, oyendo los últimos pasos de las calles salvajes que se pierden en perspectiva…hasta que suena un portazo doloroso y fijo que quiebra el momento. Desde mi espalda tranquila mis brazos unen los extremos cortados y muertos de los hilos sensibles de ese instante. Todos acaban sus preparativos de marcha, prestos a abandonar la casa del tiempo, guardando recuerdos –a veces pequeños- importantes todos. Yo guardaré una mitad para mañana, en previsión de escasez sobrevenida por causa desconocida, desolación y amaneceres retardados. ¡Valiente salvaje el que logre perturbar esta luz fría y renovada de la noche! Nada tendrá nunca que ver conmigo.

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