VÍDEO POEMA ‘EL BICHO’ M.V.P.

El Bicho no es otra cosa que mi Alter Ego, con quien mantengo no pocas discusiones y muchas conversaciones de tú a tú. No estaba prevista su lectura en público, y eso que ya tiene años, pero me decidí y ahora ya está, el bicho ha quedado suelto. El vídeo ha sido grabado por Toñi Caseiro en el 1er. recital de la 3ª temporada de poesía y Microrrelato en Vigo, evento que tuvo lugar el viernes 20 de septiembre en La Galería Jazz y gracias a la generosidad y colaboración de las hermanas Raquel y Esther.
Recordad que este poema está dirigido a mi propia persona.

La aventura o desventura de fijarme. (Otra forma de reírme de mí misma)

¿EN QUÉ TE FIJAS ANTES?

Me has preguntado en qué me fijo antes de nada en un hombre. De forma rápida te doy dos respuestas:

A) Respuesta corta, a la gallega y por enredar: depende.
B) Respuesta larga, más en mi tono: eso va a incluir incontables factores. El más importante de todos es el momento exacto en que descubro que algo me ha llamado la atención. Y a partir de aquí te desmenuzo la cuestión para que me vayas entendiendo.

Si yo estoy parada en algún lugar y tú, hombre, vienes acompañado por otro hombre, me fijo en cómo os relacionáis mientras camináis. Si charláis con tranquilidad o con profusión de gestos, si lo hacéis en un tono normal, como íntimo, o demasiado elevado, para que el mundo se entere de quienes sois. Todo ello me da datos de si hay camaradería entre vosotros o si sólo es un conocimiento superficial. Esto es exactamente igual si vienes formando parte de un grupo sólo con hombres, sólo con mujeres, o con hombres y mujeres.

Si caminas acompañado por una mujer, me fijo en si la traes de tu mano o ella a ti, si la miras mientras habláis, si habláis o no. Si camináis simplemente uno al lado de la otra. Si tu llevas tu brazo sobre sus hombros y la mano colgando y ella te enlaza por la cintura mientras agarra esa mano colgando. Si la sujetas con firmeza por los hombros, o la abrazas por la cintura. Si os sonreís o vais serios, o vais en silencio. Me fijo si cuando llegáis mantenéis la misma postura o si sois capaces de soltaros para relacionaros con otras personas de forma independiente. Esto me indica la confianza y complicidad que hay entre vosotros y con los demás. Además de lanzarme muchos mensajes sobre vosotros dos y que me aclara no pocas cosas importantes.

Si vienes tú solo, me fijaré en cómo caminas y mucho más.
Si tus pasos son cortos quizás es que te acerques despacio, un poco distraído pensando en tus cosas, sin prestar demasiada atención a algo en concreto pero, en el fondo, observando tu entorno.
Si tus zancadas son largas es que vienes con cierta prisa, quizás mires al suelo alguna vez, pero tienes claro el objetivo.
Si acaso nos conocemos, un poco por el aire, y notas que te estoy mirando, me fijo si me sonríes a distancia y apuras el camino sin hacer nada más que mirarme mientras yo tampoco dejo de hacerlo, y ambos tenemos la seguridad de que nos alegramos de vernos.
Si te sientes inseguro y te has dado cuenta de que ya te he visto y te miro, quizás te sientas observado, escrutado, examinado hasta el mínimo detalle y dejarás de mirarme para tocarte el pelo o la ropa o lo que quiera que sea que lleves encima, en comprobación de que todo está correctamente ordenado y sin poder evitar que yo note cierto nerviosismo. Normalmente lo que más comprobáis es la cremallera del pantalón o, en su defecto, los botones.
Si eres tú el que está solo, esperándome en alguna parte, y soy yo quien se aproxima sola, me fijaré en cómo me esperas, en tu actitud.
Si estás de pie y te mueves mientras esperas, lo que puede indicar cierta impaciencia por tu parte o, si, por el contrario, estás apoyado en una pared, por ejemplo, con los tobillos cruzados y las manos en los bolsillos, o consultando el móvil sin levantar para nada la cabeza, lo que puede indicar tanto tranquilidad como indolencia o desinterés.
Si estás sentado me voy a fijar en si estás de espalda porque te da igual por dónde yo llegue, o si has buscado una posición que te permita ver mi llegada desde el primer momento de mi aparición en tu campo de visión. Si tienes las piernas cruzadas o no, si apoyas tu espalda en el respaldo de tu asiento o no, si estás leyendo, fumando, bebiendo, escribiendo, hablando por teléfono y yo sólo constituyo una línea más de tu agenda del día. O si, simplemente, estás pendiente de que llegue y ni siquiera consultas tu reloj. Esto indica atención.
En distancias mucho más cortas me fijo en tus manos, en su tamaño y en cómo las mueves. También en tus ojos y en cómo me miras, si lo haces todo el tiempo o si de vez en cuando miras a otra parte. Muy, pero muy importante, es tu voz, timbre y tono, y la forma en que hablas y me hablas, o si en algún momento me tocas mientras hablas, para afianzar tu acercamiento. A esas alturas ya me habré fijado en el tamaño de tus pies, es algo que me sale de forma inconsciente, no hay intención. Si estás cerca, y tu pelo lo permite, será en la forma de tus orejas en lo que me fije.

Lo más gracioso de todo esto es que tú no te darás cuenta de todas estas observaciones, ni yo tampoco, hasta mucho después de haberte visto y rebobinar todas las imágenes e incluso las conversaciones. Así es cómo se fijan los recuerdos.
Lo que sí te puedo asegurar, es que nunca va a ser tu culo lo primero en que me fije, eso lo dejo para el momento adecuado, que suele ser cuando me das la espalda o cuando decidimos profundizar en conocimiento.
Desconozco si mi respuesta te lo deja todo muy claro o si vas a seguir insistiendo hasta que te de la respuesta que quieres oír. Sin embargo, a estas alturas, tú sí que te habrás fijado en lo mucho que te parece que me complico la vida. En mi defensa sólo puedo decir que el cuerpo humano lanza mensajes no escritos, ni dichos, durante todo el tiempo, fijarse en ellos no es para nada complicado. El lenguaje es también gestual y yo trato de percibir todos los estímulos posibles con todos mis sentidos. Para tu tranquilidad te diré que no es algo que me proponga como objetivo diario, simplemente es algo que está ahí y sucede. Y para más tranquilidad, todavía, también te diré que no siempre estoy en guardia y que, habitualmente, no me fijaré en nada, absorta como voy, y estoy, en pleno desarrollo de mis propios asuntos y lenguajes.