CUATRO/ INAUDIBLE (poema)

CUATRO : INAUDIBLE

 

¡Escuchad!

¡Escuchad cómo cruje la noche!

apretada contra las paredes,

perfilada en cada mueble

y en cada curva de la carretera,

tocando a la noche que la antecede.

 

No es una noche más,

no una noche cualquiera,

deshilvanada entre estorbo de relojes,

ni una noche menos

resonando en medio del cerebro

devorando cualquier brillo

que se atreva a destacar.

 

Quizás nadie la ha visto llegar,

tan temprano y acicalada,

entre tanta casualidad,

tantas tarjetas de visita,

tanto polvo que nos pellizca los ojos,

y tantas risas por segundo.

 

Es más fácil

cubrirse la cabeza

con ramas de árboles

y ver a un cocodrilo

llorando apresurado

una vergüenza perjudicial,

que escuchar una leve canción

escondida entre dos miradas,

dos respiraciones que coinciden

en el secreto de la sencillez.

 

Ahhhh!

No estamos instruidos

para captar ciertos sonidos mudos,

esas señales que se alojan tranquilas

en medio de nuestros caos cotidianos,

y persistimos en el empeño

de asfixiar lo que no vemos,

y lo que vemos

pero no prestamos atención.

 

¡Escuchad! Repito.

¡Escuchad!

Cómo cruje la noche,

esta precisa noche,

en la que suenan los cuerpos

y algunas almas se golpean,

salvajemente,

apartadas de cualquier testigo,

y al compás,

de cualquier compás

no compartido,

fugaz,

pero capaz,

de partir hasta el último aliento

de sus propios huesos.

 

Escuchad cómo se aparta

ese manto de nubes grises

que nubla cualquier otra percepción.

 

Sólo esos jardines

tendidos en el suelo,

como soñando,

han escuchado

ese dominio de la oscuridad,

en medio del frío y la intemperie,

y han perfeccionado,

aún más,

su música

para liberar un vuelo de pájaros

en la primera mañana

cuando la hierba finge llorar.

 

Cruje la noche,

cada noche,

mientras una mujer,

en cualquier parte,

sufre el sonido

de una puerta que se cierra,

sobre su vida,

para siempre,

y ya no tendrá

ningún mundo para vivir,

y tendrá

que soñar otro,

que deje de gritarle por dentro,

y de llorar…

y de suplicar.

 

Esa mujer de cualquier parte,

es una mujer de tamaño natural,

que acaso llame a tu puerta,

alguna vez,

para pedirte sal, o azúcar,

o un poquito de atención,

aunque tú no la oigas.

 

Ella posee la cualidad

de oír al universo entero

y hasta el giro de la tierra

mientras el placer arquea su espalda,

aunque jamás pondrá en una balanza

su aburrimiento y el tuyo.

 

Cruje la noche,

esta misma noche,

la que ninguno escuchamos,

igual que crujen

las hojas secas a tus pies

en la parada del autobús.

————————

© María Villar Portas

#vigociudadpoetica

(Poema leído en el recital del 21 de abril de 2017 en La Fiesta de los Maniquíes/Vigo)

CUATRO-INAUDIBLE-NUBE DE PALABRAS

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