UNO-Poema recitado en el open mic de la Fiesta de los Maniquíes el 19 de enero de 2017

UNO

Contenido confuso

cae amontonado

dentro de mí,

y se hace latido

mientras me consume el ansia

de lo ilegal,

de dinamitar el lazo que ata la vida

a los mástiles y velas que la impulsan

a la vez que sigue la estela navegante,

la misma,

siempre,

con una ola tras otra,

y sus batallas navales,

tan hipócritas como su moralidad

o su estrecha conciencia.

 

Codiciada esa isla remota

con los nervios flotando alrededor,

convertidos en una extensión humana más,

que no es otra cosa

que un apéndice de la soledad venerada,

requerida,

tantas veces,

para poder imaginar canciones nuevas,

llenas de océanos desconocidos

que habitan aún en nosotros.

 

Desciendo incómodas metáforas

para llegar al interior de los contenidos

Y PIDO MÁS,

QUIERO MÁS, MUCHO MÁS,

MÁS POESÍA,

MÁS LITERATURA DE VERDAD,

libre de infantilismos facilones,

de romanticismos cursis

y versos muy cuchi-cuchi

que visten la galantería de colores.

QUIERO MÁS

POESÍA AUTÉNTICA

que haga sentir la respiración,

el contenido del alma,

y sus venas, su aliento,

ese brillo en la sangre,

capaz de rozarte la piel

y producir un escalofrío

mayor que el horizonte

con su olor a lejanía,

y chimeneas

llenas de sensaciones afiladas,

o atenuadas,

que se mezclan suaves

insinuando su seducción

o soltándola a bocajarro,

mientras la nostalgia se aparta

dejando libre otra ruta.

 

Una vida extensa

salpicada de miradas

con textura marítima,

hecha de azules misterios

y de viajes que no cesan.

Tesoros habitando imaginaciones,

remos que destrozan

todos los paraderos conocidos

que viven anclados

en enigmas que ya han memorizado,

y que temen

hacer descubrimientos

más allá de su carne y sus pulsiones.

 

Está ahí, todavía,

un mundo que no entiende

su propia historia,

que se para

a contemplar viejas estatuas

en tanto él mismo

es contemplado por el cielo

en sucesión inabarcable de infinitos.

 

Nos repetimos hasta lo insufrible

en aciertos y desatinos,

en provocar,

una y otra vez,

las mismas heridas

en los mismos seres,

y no somos capaces

de dejar nuestras orillas

para llegar a conocer otros mundos.

 

Ahogados en el desierto

del tiempo pretérito,

de nada sirven glorias

conquistadas con sangre ajena

cuando pretendemos lanzar palabras

al aire y al mar,

cuando queremos lanzar nuestros delirios

en campo abonado

para que florezcan atmósferas genuinas

y la actualidad sea, aparentemente, feliz.

 

Hemos aprendido a aprender,

y no aprendemos.

 

Nos equivocamos, acertamos,

nos engañamos

difundiendo orgullo en una civilización

pretendidamente moderna

que navega con peligro entre temporales

y vías de agua,

mientras, despacio,

expande su dulce apariencia envenenada,

o penetra, con fuerza,

hasta el fondo de sus sueños,

para ir a estrellarse contra su imagen

que la espera en el espejo.

Y le llamamos FUTURO,

o algo así,

aunque no sepamos muy bien lo que es,

si es que es,

ese tiempo,

o cómo se conduce o se negocia con él,

con ese barco

que es puro naufragio

antes aún de suceder.

 

Y lo que ocurre,

lo que de verdad vemos

y podemos constatar

es que el ser humano es hermoso,

a pesar de sí mismo,

con sus luces y sus sombras,

equivocadas o no.

Porque somos imperfectos,

y en el fondo eso nos gusta,

pues nos hace diferentes,

y sobre todo,

porque amamos ser,

incluso, sin estar.

 

Así:

medio confusos, torpes,

espabilados o sabios.

Humanos nada más,

nada menos.

Somos.

Incoherencia pura.

© María Villar Portas

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