ESTRANGULAR EL FRÍO.

ESTRANGULAR EL FRÍO

Acaso he vivido hace miles de años

a bordo de mi piel

sin encontrar otra cosa

que dioses tuertos en cada imagen.

Eran ellos los que escribían con sangre

la derrota de todos los días

mientras jaurías hambrientas

los perseguían sin tregua.

 

Y aún así,

a veces,

 

CANTABA.

 

Cantaba enredada entre fragmentos de lunas

y un estrenado batir de alas.

 

Tantos infiernos como paraísos

han visto estos ojos

que ya no sé si las nubes

son insectos que se pegan a los días

y persisten en un canto

de lluvia agónica

sin lograr apagar la verdadera sed.

 

Me trago tajadas de olvido

por no soportar ver lo que no quiero,

y al mismo tiempo

 

QUIERO

 

no perder el ansia

de quererlo todo.

 

RECORDAR

 

todos los minutos,

incluso los vencidos,

y los nuevos,

los que brotarán,

todavía,

en la humedad de nuestros cuerpos

mientras estrangulan el frío

entre sexo y sexo

saltando como delfines azules.

 

Así,

colgados de la quimera

de un reloj inexistente

en medio de un invento de horas imposibles,

 

COMPRENDO

 

que cada vez que me levanto

me invento un horizonte,

 

PARA EXISTIR

 

da igual

si es cierto, o imposible,

porque con él

voy derribando días

aunque nadie llegue a entender mis estaciones.

 

He llegado a la tozudez

de que no me importen NADA

todos esos enredos,

tan confusos,

de humaredas y avenidas engalanadas

para otras celebraciones

que no son la mía.

 

Se me han desplomado

tantas imágenes

que me he sentido desnuda

en medio de lo eterno,

y he llegado a tropezar

con aquel primer latido,

un rugir de fieras,

un llanto a mi alrededor

que me desbocó la sangre

y las venas se me quedaron cortas,

en una hemorragia de vida

que ansiaba asirse

a las esquinas de la razón

para no bucear

en mares de astillada nostalgia.

 

Aprendí a crecer

entre escombros de palabras,

insignificantes,

insignificancias mentales,

intolerancias, soberbias…

y me vi fuerte,

capaz de recoger

todos los frutos de la luz

que se esconden en puertos fantasmas

en los que esperan

inútilmente

siluetas de crepúsculos moribundos.

 

Aún entre gritos de gaviotas

he podido abrazarme a una risa

que me ha cantado al oído

melodías que anuncian claridades

entre tanto luto, tanta lucha,

apartando la prolongación de un llanto

que intenta taladrar mi oxígeno.

 

Sólo tiemblo

bajo el mar de tu piel,

sobre el ondular del encuentro

que hiende la noche

mientras se anudan los astros

y se atan piedras a los tobillos

para no perderse el espectáculo.

 

Aves doradas

permanecen estáticas

en la contemplación

de aquello que nos come los ojos

con pretensión

de llegar a comernos el corazón

en tanto se congela el rostro

entre piedras y extravíos.

 

Y yo estoy dentro,

y tú estás fuera

 

Y ALREDEDOR

 

en los mismos momentos heridos,

tan llenos como vacíos

 

DE AUSENCIAS

 

y cántaros de cerezas.

 

Recuerdos de luz enferma

y amores olvidados.

Una pesadilla

escondida en una tormenta

 

CURADA

 

por unos labios posibles,

absolutamente ciertos,

absolutamente carnales,

aunque incapaces

de medir un silencio

que la mantenga en lejanía

de aquel frío

 

CAPAZ

 

de estrangular una galaxia.


© María Villar Portas

estrangular-el-frio-2

 

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