MODIFICACIONES EN ROJO XXVII

-XXVII-

Y se vuelve.

Desde los altares de la noche, de sus hilos de luz neófita, hasta el alba de la orilla.

De una marea de laberintos que se ha doblado ante el dominio del silencio propio nacen pálpitos que no morirán al atardecer.

Como la piedra que salta sobre el río trazando concéntricos mundos, así se expande, de nuevo, esta respiración sobre el murmullo de las olas, y se hace amazona con la llovizna de la niebla, para cabalgar acantilados temporales que quiebran su mitad humana hasta convertirla en eco total.

He robado la sombra plateada del llanto para lanzarla al viento de burbujas estrellado y ser así cumbre y no precipicio.

También he malgastado olvidos y aventuras salinas sin pudor ni arrepentimiento, mientras los segundos perseguían mi momento único. Nadie me puede reprochar el ruido infame de otras huellas en esos caminos que se hunden de tanto recorrerse y que pretenden ser seguidos por multitudes. Yo no sigo esas rutas, tengo un camino con nombre propio.

Hay un mar que me convoca en cada marea y me acuna en tanto su salitre provoca naufragios en otras latitudes. Me duele que sea la misma vida que a mí me salva la que a otros sepulta y clamo por una calma que reine sobre la espuma inquieta.

Se vuelve, como la rosa que se fuga del invierno y sus daños colaterales. Sol que se rebela contra la tiniebla de los relojes que se empeñan en seguir su trazado como si nada sucediera a la carne a cada paso.

Mi sed nunca se cansa de beber entre una multitud de soledades, estableciendo un parlamento sin palabras que igual se comprenden en cada cambio lo mismo que la tormenta entiende la calma que la sigue y antecede.

Polos opuestos, distorsionados por espejos averiados que muestran los despojos de los minutos pero no la realidad.

He vuelto como todo vuelve, antes o después, la misma y otra.

BLANCO-NEGRO-ROJO-modificaciones en rojo XXVII

 

© María Villar Portas