NÁUFRAGOS, AÚN-VÍDEOPOEMA

NÁUFRAGOS, AÚN

HOY,
que este cielo herido
ha dejado de invadirme
con su sollozo,
se me antoja caminar,
como una diosa,
sobre un mar sembrado
de puñales gélidos.

Siento que mi corazón vuela,
a ras del suelo,
segando toda la oscuridad
que me cabe entre las manos
y los desamparos
que pugnan por instalarse
en prematuros cementerios.

Me desbordo
en un camino que ya conozco,
feliz,
en esta arena,
aquella,
que se tendía de bruces
invitándonos a reír con ella,
a soltar el ciclón de vida
que relampagueaba entre tú y yo.

Ya no es la misma,
ELLA,
NI NOSOTROS.

Nos veo, aún,
gigantes,
amándonos en el mar y la oscuridad,
dejando desnudos
los desterrados cuerpos,
crucificados por lenguajes
ajenos a nuestras prioridades.
Conscientes de los sonidos húmedos
enredados en la piel y la respiración entrecortada,
en los sueños que nos encontraban
flotando cada mañana,
agotados, dormidos,
NÁUFRAGOS de nosotros mismos.

No duermo ya.
Las pupilas luchan
contra el pensamiento silvestre
dentro de una melancolía oxidada,
al fondo de un olvido que se resiste a morir
en un duelo de cristales florecidos en los ojos
y una melodía de olas incesantes.

M.V.P.

24 HORAS MÁS

IMAGEN AL VIENTO - BLANCO Y NEGRO

Me adentro
por estos pasillos de olores imposibles,
llenos de dioses en miniatura.
Cada uno de ellos,
CONSUMIDO,
en la elaboración de su propia lucha,
lejanía,
las más de las veces,
ESPERANDO,
siempre,
que por su puerta
entre un rayo de amor
que dilate su tiempo
tan sólo un segundo,
que deje en su rostro
el dibujo de una sonrisa
que le acompañe 24 horas más.

Me contemplo, aún,
en mi propia batalla,
cuando parte del minutero de mi vida
paseaba su esqueleto ante mí
invitándome
a visitar su pozo,
DESPROVISTO de ilusiones y ganas.

Sí, tuve miedo a morir de mí,
a quedarme con todas las palabras en la boca
y con todo el amor suspendido.
Sé,
que una parte de mi delirio se fue con él
para quedarse
entre aquellas paredes sin pupilas,
llenas de rostros desconocidos
y agujas clavadas entre mis vértebras.
Mi cuerpo se llenó de manos
ávidas por encontrar
enfermedades inexistentes,
mientras ansiaba encontrar un poco de paz
y persistía en entrar en mí misma
para poseer,
siquiera,
la mitad de un abrazo
que me evitara el terror
de extraviarme un poco cada día.

Me perdí quince días
en la consciencia
de que alguien olvidaría nuestros pasos,
nuestra voz, nuestro olor,
todas nuestras cosas queridas.
Nuestra respiración
quedaría convertida en un misterio ausente
que ninguno sabría dónde buscar.

Hay temores que nadie entiende.

Desde entonces sólo sé dormir con los ojos abiertos.

M.V.P.

 

LOBO COME LOBO de Rafael López Vilas / Comentario

LOBO COME LOBO-VERSÁTILES-PORTADA

Comentaré desde mi perspectiva como lectora.

Después de leer el estupendo prólogo de Antonio Javier Fuentes Soria, que ya nos pone en antecedentes de lo que nos vamos a encontrar, pasamos página y comenzamos.

Ciñéndome al título, ‘LOBO COME LOBO’, no puedo evitar que me venga a la cabeza la frase Homo hominis lupus – El hombre es un lobo para el hombre- popularizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes en su obra ‘El Leviatán’ aunque su origen esté todavía más atrás en el tiempo y haya sido tomada de ‘Asinaria’, obra dramática de Plauto. Una frase que pone de relieve que el estado natural del hombre lleva a una lucha continua contra su prójimo.

Pijotadas intelectuales aparte vamos a lo que vamos ¿Qué es lo que nos encontramos en LOBO COME LOBO?

A priori, un poemario sin tapujos mentales, ni semánticos, capaz de sorprender a los lectores menos avisados, incluso a los preparados, tanto anímica como mental o intelectualmente. A posteriori, un poemario tan crudo como cierto en el que el autor, Rafael López Vilas, es absolutamente libre de decir lo que quiere y como quiere, de todo aquello que no quiere.

No se trata de un poemario auroral, en el sentido de un primer tiempo que despierta al mundo, sino de un estallido que se ha contenido durante años de experiencia, se ha acumulado con fuerza brutal y ha salido de las propias tripas de quien lo escribe, lanzando dardos certeros que no dudan en salpicar con la inmundicia del día a día a toda persona que ose acercarse a sus letras.

Que nadie espere encontrar esa belleza estandarizada que se ofrece desde cualquier mostrador literario-poético, no, esto no lo hallará en LOBO COME LOBO. El propio autor escribe en el Poema 1: ‘No vengas a pedirme azúcar ’. Toda una declaración de principios y un aviso a navegantes avezados.

Sigo leyendo para desentrañar el mundo y sus casi inabarcables submundos, y creo entrar en el octavo círculo del infierno de Dante a través de la observación minuciosa del autor, de su voz, que nunca, o pocas veces, se queda en la superficie de lo que ve y profundiza, con perspicacia, hasta el verdadero averno y sus paraísos desamparados, metiendo el dedo en la llaga y hurgando hasta las últimas consecuencias para mostrarnos lo más cruel, falso, vil, de la naturaleza humana. Resulta ácido, corrosivo las más de las veces, ¿atrevido y/o consciente?, ¿arrogante?, de cualquier manera, capaz de poner de manifiesto todas las miserias del hombre, ese mismo que se llama ser humano y que no duda en cargarse al resto de la humanidad para obtener un beneficio por completo egoísta.

No hay nada, nadie (¿?), que pueda escapar a la mordedura de Rafael López Vilas, o esa es, al menos, su pretensión. La duda, o más bien la negación, reiterada, sobre la capacidad del ser humano de hacer algo benéfico con relación a los demás permanece inalterable a lo largo del poemario.
La ironía también aparece en varios poemas, en los que, abiertamente, se mofa de un tipo de poesía, que no es la suya. Así, por ejemplo, escribe en el Poema 4: ‘Las palabras se disfrazan en los versos del poeta ’ lo que inmediatamente me lleva a Fernando Pessoa quien decía en el Livro do desassossego ‘El poeta es un fingidor ’. Y continúa Rafael López Vilas en el mismo poema ‘Te lo compro…Te compro la luz. Te compro la emoción y las lágrimas ’ para constatar que esto es lo fácil, lo que gusta, y que también él mismo podría escribir palabras bonitas.
Pero no, el poeta manifiesta que no encuentra algo o alguien admirable, todo mientras es consciente tanto de la realidad que lo rodea como de la suya propia.

El sufrimiento, la soledad, el silencio, el paso del tiempo subyacen en el fondo de todo el poemario, a veces de forma más evidente que otras, a quien lee corresponde descubrirlo.
Preguntas implícitas, explícitas, retóricas, preguntas respondidas siempre por el propio poeta, con el mismo discurso desprovisto de simpatías confabuladas, pero del todo empático con situaciones de desarraigo, injusticia social, desamparo…Todo ello dado por sus sentidos. La percepción exacta de las cosas y personas que se encuentra en la vida, tanto la real como la que imagina, hacen de Rafael López Vilas un observador contumaz, aplastante en su lucidez y completamente desprovisto de respetos superfluos.

Como lectora tengo que decir que leo para escapar de mi propia realidad, para pensar, para ejercitar mi cerebro intentando recrear la información que recibo, a la vez que creo la mía propia. Mi propia idea se genera haciendo una lectura vertical que no explora sólo en la superficie, o eso intento. La lectura es un proceso y como tal se tiene que mover, interpretar y entender hasta hacerla nuestra.
Busco, personalmente, la anatomía de cada poema para bucear tanto en sus entrañas como en sus límites, si los hay, porque en LOBO COME LOBO no existe la condescendencia, sino la expresión en estado libre, sin secretos interiores. A cada cual le corresponde exponerse a su lectura y extraer sus conclusiones.

Recomiendo la inmersión absoluta en cada verso, en cada poema, pues estoy segura de que a nadie dejarán indiferente las realidades sombrías, los silencios, las soledades, las percepciones del poeta sobre el mundo, sobre los hombres yerráticos (sí, con y griega) por naturaleza y sobre sí mismo, al fin y al cabo. Y es que yo, también, como humana que piensa, crea, inventa, y que también siente, padece e imagina, soy tan absurda como el resto.

¡Feliz lectura!

No dejéis de visitar su blog     https://elloboestaaqui.wordpress.com/

María Villar Portas

EMPEZAR CONSTANTEMENTE

 

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Los caminos de palabras han quedado manuscritos en los parques del otoño, las hojas caídas conocen bien todo lo que ha quedado atrás sin posibilidad de reencuentro. Creo que ya no quiero guardar en mi memoria esa luz de las cosas que se han ido de mí, perturbadas por encontrar verdades inexistentes. Tampoco aquella otra, que se ha visto soberana sobre esta ciudad putrefacta, erigida en viajera llegada de lejos para recalar en este puerto y ser guardiana del mundo y sus quehaceres. Mis sueños se han derrumbado, uno a uno, con sólo pensarla como una campanada sombría.

Los pensamientos que me viven no siguen maldiciones de moda, ni se adecúan a ningún molde o definición inventada por otros, obsoleta ya. Las horas de insomnio nocturno no saben como antes, se han empeñado en tomar el rumbo de pasos desconocidos hasta llegar a la última puerta… allí dónde pueda inventar otro personaje abierto a la incertidumbre del corazón y sus deseos, sin borrarme definitivamente.

LOBO COME LOBO/ RAFAEL LÓPEZ VILAS Presentación viernes 22 de noviembre de 2019

El lobo aúlla y te acobarda, y lo hace en cada una de sus líneas, en cada uno de sus versos. En el universo poético contemporáneo resulta difícil encontrar un club de carretera en el que ofrezcan desnudos integrales, y aquí, sentado en primera fila, la cosa te intimida hasta el punto de tener que taparte los ojos.
Tienes ante ti un libro imprescindible si eres de esos tipos raros que se calientan con los versos impúdicos, con ese tipo de poemas de alcantarilla a los que algunos llaman realismo sucio, un libro repleto de verdades como puños que te romperán el hocico y a los que volverás, seguro, para que te lo partan de nuevo.

LOBO COME LOBO-CARTEL

LOBO COME LOBO-VERSÁTILES-PORTADA

Foto de portada y referencias tomadas de:

Lobo come lobo – Rafael López Vilas

 

VÍDEO-POEMA INAUDIBLE/ RECITAL PM VIGO 15-NOVIEMBRE-2019

‘Escucha cómo cruje de noche el armario’
(Paroles-Palabras/Jacques Prévert)

El poema tomó como punto de partida el verso anterior, perteneciente al poema ‘Las grandes invenciones’, aunque el verso no funciona como un epígrafe pues mi poema nada tiene que ver con él.

 

¡Escuchad!
¡Escuchad cómo cruje la noche!
apretada contra las paredes,
perfilada en cada mueble
y en cada curva de la carretera,
tocando a la noche que la antecede.

No es una noche más,
no una noche cualquiera,
deshilvanada entre estorbo de relojes,
ni una noche menos
resonando en medio del cerebro
devorando cualquier brillo
que se atreva a destacar.

Quizás nadie la ha visto llegar,
tan temprano y acicalada,
entre tanta casualidad,
tantas tarjetas de visita, tantos abrazos…
tanto polvo que nos pellizca los ojos,
y tantas risas por segundo.

Es más fácil
acobardarse bajo el peso del día,
al borde de cualquier hora suelta,
mientras se coagulan los segundos
en sucesión pacífica,
que escuchar una leve canción
escondida entre dos miradas que se cruzan,
dos respiraciones que coinciden
en el secreto de la sencillez.

Todo pasa tan rápido.
Nos bebemos la noche
sin que nadie nos llame a ella,
incapaces
para captar ciertos sonidos mudos,
esas señales que se alojan tranquilas
en medio de nuestros caos cotidianos,
y persistimos en el empeño
de asfixiar lo que no vemos,
y lo que vemos
pero no prestamos atención.

¡Escuchad! Repito.
¡Escuchad!
Cómo cruje la noche,
esta precisa noche,
en la que suenan los cuerpos
y algunas almas se golpean,
salvajemente,
apartadas de cualquier testigo,
y al compás,
de cualquier compás
no compartido,
fugaz,
pero capaz,
de partir hasta el último aliento
de sus propios huesos.

Escuchad cómo se aparta
ese manto de nubes grises
que nubla cualquier otra percepción.

Sólo esos jardines llenos de humanidades
tendidas en el suelo,
como soñando,
han escuchado
ese dominio de la oscuridad,
en medio del frío y la intemperie,
y han perfeccionado,
aún más,
su música
para liberar un vuelo de pájaros
en la primera mañana
cuando la hierba finge llorar.

Cruje la noche,
cada noche,
mientras una mujer,
en cualquier parte,
sufre el sonido
de una puerta que se cierra,
sobre su vida,
para siempre,
y ya no tendrá
ningún mundo para vivir,
y tendrá
que soñar otro,
que deje de gritarle por dentro,
y de cancelar sus emociones.

Esa mujer de cualquier parte,
es una mujer de tamaño natural,
que acaso llame a tu puerta,
alguna vez,
no para pedirte sal, o azúcar,
ni un poquito de atención siquiera,
solo para que sepas que existe.

Ella posee la cualidad
de oír al universo entero
y hasta el giro de la tierra
mientras resiste a su pasado
y persiste en su presente
aunque jamás pondrá en una balanza
su miedo y tu peligro,
en medio de la nada en que apenas existe.

Cruje la noche,
esta misma noche,
la que ninguno escuchamos,
igual que crujen
las hojas secas a nuestros pies
en la parada del autobús
y tu insistes en imaginar el mundo desde la ventana de tu atalaya bebiendo la enésima cerveza barata
mientras Cohen susurra ‘In my secret life’
desde tu ordenador ultra-sensitivo,
porque a nadie le importa si la gente vive o muere
en esta noche o en cualquier otra noche de su vida
o si los barcos toman la deriva de cualquier ruta posible.

Os dejo el vídeo grabado por Toñi Caseiro

SÉPTIMO CIELO

Desde el ojo de buey de la séptima planta la ciudad permanece clandestina, desaparecida de sí misma, oculta toda actividad de luz y calles jeroglíficas bajo una opaca gasa blanca.
La imagino allá abajo, esclava de esta noche acuática que se vende a sus pliegues mientras se humedece su reposo.
Y tiemblo, sé que estoy temblando desde hace horas, aunque intente evadirme con la monotonía de las paredes y los ecos de alguna conversación cercana. Me dejo invadir por la solemnidad sombría de esta niebla que se ha colado en la habitación, con la pretensión de tatuar otro epitafio en mi piel, exenta de lugares y vuelos rasantes. Veo mis ojos reflejados en heridas insospechadas, asombradas por encontrarse con guardianes insomnes que anudan las mismas alturas en cada palabra que se descuelga de mi voz, humanamente posible.
Siento que naufrago en la misma orilla silvestre para descubrir que ya no tengo origen y la brisa es lo único que corre por mis venas, por mucho que intente arroparme por murmullos amables con alguna historia que contar.
El silencio se detiene sobre mi propio silencio, cobijado en la lejanía del recuerdo antiguo y en la sede del sentimiento más primario que fluye cadencioso, independiente de paisajes en penumbra, aunque incapaz de detener las lágrimas que hace rato me estremecen, intentando encontrar esa imprecisa distancia entre el bien y el mal, con el único deseo de vivir y terminar este día curvado y dolorido en el que soñé atrapar una ilusión.
Séptimo cielo. En el otro extremo del pasillo un hombre grita desesperado porque alguien le ha robado el mando de la tele.