DOS (POEMA DE IDA Y VUELTA)

DOS: Poema de ida y vuelta

 

No dudes de la existencia poderosa

de todos esos demonios callados

que se esconden en tu abdomen

y difuminan tu ser,

a pesar de ti,

o de nosotros.

Tu destino te resarce de la noche

entre clamores que te han dejado atrás,

aunque no tú a ellos,

porque desconoces tu propia mirada,

todavía,

porque todavía no has conocido tu propia muerte,

la que te espera detrás de tu mundo.

E insistes en abandonarte a un lienzo

inacabado,

pretendes que un grito perfore el universo

en medio de tu frente.

Dime,

¿cómo será esa ausencia de mareas

entre luna y luna?

entre el odio, la rabia, la ira

¿cómo será ese calor,

tu calor,

con el que pretendes pintar el frío?

Sin duda,

ya no veré,

(no poseo ese tiempo para ver),

el estallido de tu aliento en el cosmos,

capaz de traspasar

su propio sonido,

capaz de triturar

todas las ironías

contenidas en el laberinto…

Sí.

El aire está mal inventado,

y los minutos,

y todos esos cuervos

que te sobrevuelan.

Ninguno tiene tu armonía.

No guardes tus raíces

en ese ambiente de despedidas traumáticas.

Busca oxígeno

en habitaciones nuevas,

en las que se inventan poemas

capaces de apearse

de los sin-embargos.

¡Deja ya

de dedicarte infelicidades

y regodearte en los errores!

Asómate a la montaña de ti mismo,

en silencio,

o en aullido

de un mar que te grita.

¡Qué podría decir

mi sangre volátil

ante el sutil soplo

de tu vibración.

Inmersa toda ella

en el calor de tu inspiración,

tan sólo mis venas

conocen su angustia…

y su amor.

 

 

 

Su angustia…su amor…

tan sólo mis venas se reconocen

en el calor de tu inspiración

inmersa toda ella

en tu vibración ,

ante el sutil soplo

de mi sangre volátil

¡qué podría decir!

de un mar que te grita

en aullido

de ti mismo,

o en ese silencio

asomado a la montaña

de los errores en qué te regodeas

y te dedicas infelicidades.

¡Déjalo ya!

¡deja!

esos sin-embargos

incapaces de apearse

y de inventar poemas

en las habitaciones nuevas

donde buscas oxígeno,

ese ambiente de despedidas traumáticas

en que guardas tus raíces.

Ninguno tiene la armonía

que te sobrevuela

sin todos esos cuervos,

y los minutos,

y el aire,

están mal inventados.

Sí.

Contenidas en el laberinto

están,

todas las ironías

capaces de triturar

su propio sonido

capaces de traspasar

el cosmos

en el estallido de tu aliento.

No poseo ese tiempo para ver,

ya no veré,

sin duda,

ese frío

con el que pretendes pintar el calor,

tu calor,

y cómo será ese calor,

ni que habrá entre el odio, la rabia, la ira

y la ausencia de mareas entre luna y luna.

Dime.

Qué pretendes

cuando quieres que un grito

perfore un mundo inacabado

en medio de tu frente

cuando insistes en abandonarte a un lienzo

que no existe,

pero que te espera detrás de tu mundo

porque todavía no has conocido tu propia muerte,

todavía desconoces tu propia mirada,

aunque no ellas a ti

y entre clamores te han dejado atrás

mientras tu destino te resarce de la noche,

o de nosotros,

a pesar de ti,

y difumina tu existencia,

la misma que se esconde en tu abdomen

con todos esos demonios callados

que no dudan de tu ser poderoso.

© María Villar Portas

 

DOS-POEMA DE IDA Y VUELTA-2

VÍDEO-POEMA “FÓRA DO TEMPO” (NON QUERO FLORES)

El vídeo que aquí os dejo ha sido grabado por Chisco Nenúfar Pérez durante el recital feminista organizado por la Concellería de Igualdade del Ayuntamiento de Vigo con motivo del Día Internacional de las Mujeres, acto que tuvo lugar en la Casa Galega da Cultura.

La lucha de las mujeres continuará mientras exista una sola mujer maltratada, discriminada, asesinada.

¡Ni una menos!

También os dejo el poema escrito para que lo podáis leer con más detenimiento los que queráis.

FÓRA DO TEMPO / (NON QUERO FLORES)

Vivo fóra do tempo e as celebracións baleiras

danzando arredor dun lume frío,

unha melodía arrepiante

ateigada de mutilacións xenitais,

de vendas que me deformaron os pés por centos de anos

porque era atractivo para os homes.

 

Preciso a páxina concreta da historia que nos deben.

Non quero flores.

 

Fóra do espazo, vivo.

Cando sendo nena me casaron por conveniencia,

e morrín cando me preguntaron: por qué choras?

cando tentaba parir ós meus 12 anos.

 

En calquera espello

podo ver a miña face maiada

porque a violencia doméstica está permitida no meu país,

e tamén aturo que o meu home

custodie os bens conxugais,

e que me ordene, me use, me mande…

 

Tamén vivo esa separación

entre ti e mais eu,

pero só cando queres ti,

non cando o quero eu.

Eu non decido.

 

Mais non quero flores,

non,

non as quero.

Quero a páxina da historia que nunca foi escrita,

que nunca foi pensada.

Aquela páxina invisible.

 

Non existe o sol, no país do sol,

cada vez que unha xuíza me pregunta

se pechei ben as pernas cando me violaron,

e son eu a xulgada e non o meu violador.

 

Fun científica, pedagoga, poeta, pintora, doutora, inventora…

pero non aparezo na historia,

esa historia sobre as mulleres que nunca existiu.

A historia dos días que seguen a roubarnos

cada vez que o noso salario é menor có dun home,

cada vez que nos negan un posto significado nunha empresa

a prol dun home.

 

Non. Eu non quero flores,

migallas para a autocompracencia.

Non quero palabras

que non chegan máis aló

do fume azul da punta dun cigarro

porque non chegaron a pronunciarse xamáis.

 

Non creo neses soños eternos de ledicia

que nos venden dende púlpitos sagrados ou laicos,

nesas conversas secretas endexamais mantidas.

 

Quero respladecer polo meu propio valor,

a miña propia vida,

sen que flúan bágoas

de agradecemento mal entendido.

 

Ter a parte que me corresponde

por xustiza, non por favor.

 

Quero reflectirme fóra dese tempo,

dese espazo escuro

no que sempre queren pecharnos,

e amosar a miña forza

a este mundo que é tan meu coma dos demais.

 

En igualdade.

Farta de flores nas tumbas,

farta das tumbas e flores serodias.

Historia que se nos debe e pola que loitamos.

Existimos agora, coma sempre existimos

por moito que os homes que escribiron con tanta ignorancia

quixeran aniquilarnos.

 

Recende a miña vida propia

e noto aromas de salvaxe liberdade,

de palabras que xorden dunha boca non torturada,

dun lume que levo ardendo no corazón.

 

Aquí estou.

Viva.

Eu son a flor.

E cando digo eu,

digo vós,

digo nós todas.

Somos un xardín vivo,

non precisamos outras flores,

especialmente as flores murchas da morte por omisión

ou asasinato.

Precisamos un espazo de xustiza e igualdade real.

 

© María Villar Portas

 

Vigo, 6 de marzo de 2017

 

MARÍA VILLAR-6-MARZO-2017.8 - copia-TRATADA

 

 

 

 

 

UNO-Poema recitado en el open mic de la Fiesta de los Maniquíes el 19 de enero de 2017

UNO

Contenido confuso

cae amontonado

dentro de mí,

y se hace latido

mientras me consume el ansia

de lo ilegal,

de dinamitar el lazo que ata la vida

a los mástiles y velas que la impulsan

a la vez que sigue la estela navegante,

la misma,

siempre,

con una ola tras otra,

y sus batallas navales,

tan hipócritas como su moralidad

o su estrecha conciencia.

 

Codiciada esa isla remota

con los nervios flotando alrededor,

convertidos en una extensión humana más,

que no es otra cosa

que un apéndice de la soledad venerada,

requerida,

tantas veces,

para poder imaginar canciones nuevas,

llenas de océanos desconocidos

que habitan aún en nosotros.

 

Desciendo incómodas metáforas

para llegar al interior de los contenidos

Y PIDO MÁS,

QUIERO MÁS, MUCHO MÁS,

MÁS POESÍA,

MÁS LITERATURA DE VERDAD,

libre de infantilismos facilones,

de romanticismos cursis

y versos muy cuchi-cuchi

que visten la galantería de colores.

QUIERO MÁS

POESÍA AUTÉNTICA

que haga sentir la respiración,

el contenido del alma,

y sus venas, su aliento,

ese brillo en la sangre,

capaz de rozarte la piel

y producir un escalofrío

mayor que el horizonte

con su olor a lejanía,

y chimeneas

llenas de sensaciones afiladas,

o atenuadas,

que se mezclan suaves

insinuando su seducción

o soltándola a bocajarro,

mientras la nostalgia se aparta

dejando libre otra ruta.

 

Una vida extensa

salpicada de miradas

con textura marítima,

hecha de azules misterios

y de viajes que no cesan.

Tesoros habitando imaginaciones,

remos que destrozan

todos los paraderos conocidos

que viven anclados

en enigmas que ya han memorizado,

y que temen

hacer descubrimientos

más allá de su carne y sus pulsiones.

 

Está ahí, todavía,

un mundo que no entiende

su propia historia,

que se para

a contemplar viejas estatuas

en tanto él mismo

es contemplado por el cielo

en sucesión inabarcable de infinitos.

 

Nos repetimos hasta lo insufrible

en aciertos y desatinos,

en provocar,

una y otra vez,

las mismas heridas

en los mismos seres,

y no somos capaces

de dejar nuestras orillas

para llegar a conocer otros mundos.

 

Ahogados en el desierto

del tiempo pretérito,

de nada sirven glorias

conquistadas con sangre ajena

cuando pretendemos lanzar palabras

al aire y al mar,

cuando queremos lanzar nuestros delirios

en campo abonado

para que florezcan atmósferas genuinas

y la actualidad sea, aparentemente, feliz.

 

Hemos aprendido a aprender,

y no aprendemos.

 

Nos equivocamos, acertamos,

nos engañamos

difundiendo orgullo en una civilización

pretendidamente moderna

que navega con peligro entre temporales

y vías de agua,

mientras, despacio,

expande su dulce apariencia envenenada,

o penetra, con fuerza,

hasta el fondo de sus sueños,

para ir a estrellarse contra su imagen

que la espera en el espejo.

Y le llamamos FUTURO,

o algo así,

aunque no sepamos muy bien lo que es,

si es que es,

ese tiempo,

o cómo se conduce o se negocia con él,

con ese barco

que es puro naufragio

antes aún de suceder.

 

Y lo que ocurre,

lo que de verdad vemos

y podemos constatar

es que el ser humano es hermoso,

a pesar de sí mismo,

con sus luces y sus sombras,

equivocadas o no.

Porque somos imperfectos,

y en el fondo eso nos gusta,

pues nos hace diferentes,

y sobre todo,

porque amamos ser,

incluso, sin estar.

 

Así:

medio confusos, torpes,

espabilados o sabios.

Humanos nada más,

nada menos.

Somos.

Incoherencia pura.

© María Villar Portas

uno-nube-mundo

 

 

 

MODIFICACIONES EN ROJO -XXXII-

-XXXII-

Asistimos, impávidos, a la marcha de las horas. Apenas somos capaces de contenerlas, unos instantes, en una frontera de sueños y designios atados, como globos, por un tenue hilo de luz.

Burbujas llenas de las fragancias de nuestras locuras, de amores que llegan y parten sin preaviso, de sexo desinhibido, de mariposas blancas, ángeles caídos… y de tantas cosas impronunciables. En cada una de ellas ha encontrado refugio una noche distinta que enmascara la partida de tantos días aburridos, de tantas personas entre las sombras esperando la llegada del alba.

Me quedo quieta, aguardando no sé muy bien qué, insomne entre mis huesos, anhelando que se marche ese dolor que existe en mis venas y no sé pronunciar, o no me atrevo, o no quiero, por miedo a revelar su secreto mejor custodiado, que es grande y destructivo. Sí, sí sé lo que aguardo, aguardo un suceso brutal que rompa de una vez con todo lo que yo no soy capaz. Mi fortaleza sólo es mental.

Esa oscuridad que se cierne ya me ha visto vestida de crepúsculo tantas veces, que se ha acostumbrado a mi mirada pulverizada y ya no la teme, ni yo a ella. Somos cómplices desde hace milenios y llevamos a cuestas nuestros esqueletos hechos de galaxias con sabor a polvo eterno. De nada vale ser.

No me acostumbro, todavía, a desvelar con constancia, ese aire inmemorial que nos envuelve y nos devuelve al intenso delirio, para nada natural, de cada estallido, de cada bomba, de cada detonación que te arranca la vida de repente y porque sí. Y me pregunto ¿para cuándo la paz?

La paz es un globo que se nos ha ido de las manos, y aún puedo soportar su ligereza vanamente, pero me duelen los ojos de quien busca refugio entre disparo y disparo. Tiemblo en su delirio, que es mío, mientras continuamos huyendo entre alfileres y campos minados.

Nos persiguen los acantilados con ánimo de poseernos. En este derrumbe de olvidos, atónitos pájaros intentan distraernos con sus canciones trufadas de aire y sol, convirtiendo en luz la pesadilla.

Multicolores uniformes vienen hacia nosotros con afán de hermanarse, pero sólo cuando se acercan vemos sus fauces preparadas para aniquilarnos. Ya nuestras sombras han dejado de estar a salvo y han olvidado, incluso, que han sido parte indisoluble de cada huella que hemos dejado en nuestra historia. Cuesta recuperar la confianza en el ser humano que constantemente se traiciona a sí mismo.

A lo lejos se atisban los hilos de un atardecer flotando fuera de las rutinas orquestadas. Alguien ha cortado ya su última atadura para dejar libres sus sueños locos y sus ruinas. Somos muchos. Mañana seremos más.

© María Villar Portas

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COMPRA-VENTA

20161210_114148Este poema que os dejo aquí fue recitado ayer mismo, viernes 23 de diciembre, en el café De Catro a Catro , durante el transcurso de un recital benéfico organizado por el colectivo poético Alter Ego en favor de la ONG Dignidad.

En la foto se puede ver un precario saco de dormir que se poya en tres escalones de cemento. Esto ha sido una vivienda para alguien.  Estaba rodeado de helechos y humedad  en el ramal de un camino de paso de menos de un metro de ancho.
Mientras todo esto sucede, nuestros políticos siguen iluminando eso que llaman Navidad para fomentar el consumo…

COMPRA-VENTA

 

Vendo vivienda,

medio saco de dormir

sobre una escaleras de cemento,

bien ventilada.

Agua directamente de las nubes,

fría en invierno,

fría en verano,

siempre fría.

 

Vendo jardín de helechos

pero no vendo las estrellas

que a veces veo entre ellos.

 

Compro un microsegundo

de tu mirada sobre mí.

 

Vendo mi invisibilidad,

vendo el asco que sé que te provoco,

vendo el miedo que me produce tu asco,

tu gesto y tu desprecio.

El miedo que me persigue cada noche

por miedo a no volver a verme.

 

Compro una media sonrisa tuya

cuando apenas puedo contagiarte la mía entera.

 

Vendo el oprobio y la injusticia,

la falta de recursos, la penuria habitual,

este descenso al más injusto de los infiernos.

 

Vendo las lágrimas que me sobran,

las ayudas que no llegan

y el frío que me corroe el tuétano.

 

Vendo aquel momento en el basurero

en el que luché a muerte con un perro

por la posesión de una monda de plátano.

Compro y recompro mil veces, un millón

el momento en que perro y yo nos hicimos amigos

y compartimos su hambre y la mía.

 

Vendo un montón de soledades,

la mía y la de muchas personas como yo,

y me reservo una porción invendible

para no olvidarme de quien soy.

 

Y compro tu olvido

para recordarte que también existo.

 

Vendo un puñado de sombras

que dejé aparcadas sobre una tarde

mientras lloraba la pérdida de mi hogar

y nadie vino

para iluminar mi partida vagabunda.

 

Compro un amanecer

que pueda contemplar tras los cristales

bajo un techo.

 

Vendo mis antiguos pasos en la lejanía

y tantas agonías nocturnas llorando

sin un hombro en el que cobijarme.

 

Vendo el terror

a todos esos trajeados insectos,

con nombre y apellidos,

que han quemado el fulgor de las luciérnagas

y deseado nuestra muerte.

Compro el canto de los pájaros

que cada mañana comprueban

que mi respiración sigue aquí.

 

Compro el firmamento entero

que ha velado mi sueño tantas noches

y el canto de las olas que me ha arrullado

otras tantas.

Compro aquella arena cálida de verano

para seguir soñando otro verano más.

 

Vendo todas las máscaras de la noche,

en el momento en que agoniza la razón

y se contiene el bramido del estómago

y del vacío .

 

Compro una mañana de rocío

en los pétalos de una flor

que pueda sentir en mi piel.

 

Vendo mis harapos

que se caen como ceniza.

 

Y vendo la venta de mi propio cuerpo,

aunque no me arrepiento,

pues con ello conseguí un bocadillo para dos,

un día de fiesta.

 

No vendo mis manos,

ya que con ellas aún puedo acariciar

y construir mis siguientes días.

No vendo mis ilusiones,

que siguen intactas,

aunque pospuestas.

 

Ni vendo mi risa

que guardo como tesoro

para tiempos mejores.

 

Me haría rica,

si vendiese todo esto,

y el fuego,

y la nieve,

pero a mi lado todo se pulveriza

y la miseria me contempla.

Las palabras se desvanecen,

igual que las promesas,

antes de pronunciarse,

antes de cumplirse.

Y hasta las gargantas aúllan

tantas pérdidas y amarguras.

 

Compro un refugio

que no quede despedazado

en un trozo de papel viejo,

con un número al margen.

Un arrullo que me arrope

y no deje que me extravíe

en un abismo resbaladizo,

en un llanto sin salida.

 

En venta no están mis calles,

aquellas en las que jugó mi infancia,

estas otras que camino ahora.

Tampoco vendo la música de las horas felices,

ni la ternura, ni el amor.

 

Tengo memoria,

tengo dignidad,

nada de esto está en venta,

pues me deja ver en distancia

cada uno de los momentos

de mi vida en libertad.

 

© María Villar Portas

 

 

 

 

ESTRANGULAR EL FRÍO (Poema leído en el recital del 8 de diciembre en La Fiesta de los Maniquíes)

ESTRANGULAR EL FRÍO

Acaso he vivido hace miles de años

a bordo de mi piel

sin encontrar otra cosa

que dioses tuertos en cada imagen.

Eran ellos los que escribían con sangre

la derrota de todos los días

mientras jaurías hambrientas

los perseguían sin tregua.

 

Y aún así,

a veces,

 

CANTABA.

 

Cantaba enredada entre fragmentos de lunas

y un estrenado batir de alas.

 

Tantos infiernos como paraísos

han visto estos ojos

que ya no sé si las nubes

son insectos que se pegan a los días

y persisten en un canto

de lluvia agónica

sin lograr apagar la verdadera sed.

 

Me trago tajadas de olvido

por no soportar ver lo que no quiero,

y al mismo tiempo

 

QUIERO

 

no perder el ansia

de quererlo todo.

 

RECORDAR

 

todos los minutos,

incluso los vencidos,

y los nuevos,

los que brotarán,

todavía,

en la humedad de nuestros cuerpos

mientras estrangulan el frío

entre sexo y sexo

saltando como delfines azules.

 

Así,

colgados de la quimera

de un reloj inexistente

en medio de un invento de horas imposibles,

 

COMPRENDO

 

que cada vez que me levanto

me invento un horizonte,

 

PARA EXISTIR

 

da igual

si es cierto, o imposible,

porque con él

voy derribando días

aunque nadie llegue a entender mis estaciones.

 

He llegado a la tozudez

de que no me importen NADA

todos esos enredos,

tan confusos,

de humaredas y avenidas engalanadas

para otras celebraciones

que no son la mía.

 

Se me han desplomado

tantas imágenes

que me he sentido desnuda

en medio de lo eterno,

y he llegado a tropezar

con aquel primer latido,

un rugir de fieras,

un llanto a mi alrededor

que me desbocó la sangre

y las venas se me quedaron cortas,

en una hemorragia de vida

que ansiaba asirse

a las esquinas de la razón

para no bucear

en mares de astillada nostalgia.

 

Aprendí a crecer

entre escombros de palabras,

insignificantes,

insignificancias mentales,

intolerancias, soberbias…

y me vi fuerte,

capaz de recoger

todos los frutos de la luz

que se esconden en puertos fantasmas

en los que esperan

inútilmente

siluetas de crepúsculos moribundos.

 

Aún entre gritos de gaviotas

he podido abrazarme a una risa

que me ha cantado al oído

melodías que anuncian claridades

entre tanto luto, tanta lucha,

apartando la prolongación de un llanto

que intenta taladrar mi oxígeno.

 

Sólo tiemblo

bajo el mar de tu piel,

sobre el ondular del encuentro

que hiende la noche

mientras se anudan los astros

y se atan piedras a los tobillos

para no perderse el espectáculo.

 

Aves doradas

permanecen estáticas

en la contemplación

de aquello que nos come los ojos

con pretensión

de llegar a comernos el corazón

en tanto se congela el rostro

entre piedras y extravíos.

 

Y yo estoy dentro,

y tú estás fuera

 

Y ALREDEDOR

 

en los mismos momentos heridos,

tan llenos como vacíos

 

DE AUSENCIAS

 

y cántaros de cerezas.

 

Recuerdos de luz enferma

y amores olvidados.

Una pesadilla

escondida en una tormenta

 

CURADA

 

por unos labios posibles,

absolutamente ciertos,

absolutamente carnales,

aunque incapaces

de medir un silencio

que la mantenga en lejanía

de aquel frío

 

CAPAZ

 

de estrangular una galaxia.


© María Villar Portas

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